Mi tía Julia

 

 

 

 El relato de la increíble desfloración de mi queridísima tía Julia.

MI TÍA JULIA

Esta experiencia que voy a relatar me ocurrió hace ya algún tiempo. Tenía por entonces 18 años, yo era un muchacho sano y vigoroso que cursaba estudios en la Universidad. Mi pueblo era un pueblo grande, un poco provinciano pero en el que se vivía estupendamente. Yo había empezado una relación con una chica compañera de Universidad, con la que me iba muy bien en todos los aspectos. Por motivos de estudio, quería optar a una beca de investigación, tendría que desplazarme a Valencia pues su Universidad había hecho un concurso público, para una beca de investigación que me parecía muy interesante. Dejar a mi novia, familia y marcharme solo a Valencia para solucionar el papeleo y todo eso, me echaba un poco para atrás. Yo por aquel entonces era una persona muy apegada a mi entorno familiar y social. Se lo comenté a mi madre y me animó diciéndome que en Valencia vivía el tío Andrés y la tita Julia. Mi tío Andrés era el hermano mayor de mi madre y aunque vivía en Valencia, me daba mucho apuro incomodarlo y más cuando estaba recién casado con Julia. Mi tío tenía en esa época unos cincuenta años . Era un hombre afable, simpático y muy alegre. Se había casado con mi tía por poderes. Mi tío ya era un poco mayor para estar soltero y mediante un acuerdo entre familias se concertó la boda con la que después sería mi tía. Ésta, era una chica de pueblo, del mismo pueblo dónde habían nacido mi tío y mi madre, y las familias se conocían desde hacía mucho tiempo. La chica había quedado huérfana de su padre siendo muy pequeña y había dedicado su juventud a cuidar de su anciana madre. Al morir su madre se había quedado sola y, aunque estaba de muy buen ver, ya se le había pasado el tiempo de los jugueteos amorosos. Había hecho los estudios elementales y estaba trabajando, en la época en la que se casó, en una guardería que en el pueblo, dirigían las monjas. Mi tía tendría cuando se casó unos treinta años.

 

Bien, como decía, yo no quería ser una molestia para mis tíos y estaba decidido a irme a Valencia, coger un hotelito barato y pasar allí los días que necesitará hasta dejar el papeleo resuelto. Para que mi tío no se molestase en caso de que se enterara que había estado allí y que no le hubiera llamado; pensaba pasarme a verlos el último día antes de volver. Se lo comenté a mi madre pero me dijo que de ninguna manera. En esos días llamó a mi tío y me encontré con que todo ya estaba organizado y que los días que necesitara pasar en Valencia los pasaría en casa de mi tío. Mi tío trabajaba como director administrativo de una famosa empresa Estatal de telefonía. Su trabajo era de mucha responsabilidad y parece ser que muy bien remunerado. La verdad es que era muy desprendido, cuando venía a casa siempre nos traía regalos y además mientras estaba con nosotros, si decidíamos salir por ahí a comer o a tomarnos algo, él siempre pagaba. Mi padre a veces se enfadaba con él porque muy rara vez lo dejaba pagar. Tenía un estupendo coche y el piso de Valencia según decía mi madre, era un piso por todo lo alto. Pasaron los días hasta que llegó el momento de salir para Valencia. Me despedí de mi novia por unos días, fue doloroso porque ya se sabe, cuando se empieza una relación, lo que apetece es estar las veinticuatro horas juntos, pero la negación de sus padres a que me acompañara en este viaje fue tajante. También me despedí de mis padres y cogí con nostalgia, a pesar de que aún no había salido, el autobús que en cinco horas me llevaría hasta Valencia.

 

Cuando llegué a Valencia mi tía Julia me estaba esperando en el andén, he de decir que mi tía no trabajaba, ella se dedicaba al cuidado del hogar. En principio, porque no encontró un trabajo acorde a su cualificación y también porque con el sueldo de mi tío podían llevar una vida muy acomodada. Me recibió en la estación con alegría y yo le correspondía, hacía tiempo que no la veía y me alegró mucho encontrármela allí. Estaba muy guapa y como era verano llevaba un vestido de tirillas que le marcaba muy bien su cuerpo y unas sandalias de piel que dejaban ver unos pies muy bonitos y cuidados con sus uñas pintadas de un rosa tenue. Me dio un par de besos y me dijo que había venido ella a recogerme con el coche porque mi tío tenía una reunión muy importante y que no comería en casa. Volvería a casa por la noche. Me preguntó por mis padres, mis hermanos, mis abuelos y finalmente por mi novia. Me dijo que era una pena que no hubiera venido ella también. Era tanta la alegría que tenía que se emocionaba y yo pensaba que acabaría rompiendo a llorar de un momento a otro. Tanta emoción desatada, acabó afectándome de manera que casi se me saltaron las lágrimas. Para evitar que se diera cuenta le di un abrazo muy fuerte, me recompuse y nos dirigimos abrazados hasta el coche.

El residencial era alucinante, video portero, piscina, pista de tenis, zona verde, etc. Subimos hasta el piso que era precioso, suelo de parqué, y decoración sencilla pero con mucho estilo. La cocina era enorme y pasando por el salón que era casi tan grande como la casa de mis padres, mi tía me llevó al cuarto de invitados que sería mi residencia durante mi estancia. El dormitorio era muy acogedor y todo estaba muy ordenado y superlímpio. Me aseé un poquito y me dirigí a la cocina para comer pues era la hora y no quería molestar a mi tía haciéndola esperar a mi ducha. Ya me ducharía después de comer. Mi tía que además de relimpia era muy buena cocinera, me había preparado una paella de marisco que estaba exquisita. Mientras comíamos, estuvimos hablando de su vida de casada en Valencia, en que empleaba su tiempo libre y esas cosas que se suelen hablar en estos casos.

El frigorífico estaba a reventar y no paraba de ofrecerme cosas, agasajándome para que yo estuviera contento y la verdad es que lo estaba. Le pregunté por mi tío y me dijo que él estaba muy bien, pero que trabajaba mucho. Había días, según me dijo, que ni le veía. Llegaba tan tarde que ella ya estaba dormida y a la mañana siguiente, muy temprano, se obligaba a levantarse a la vez que él para preparar el desayuno e intentar pasar unos minutos juntos. Me confesó que se aburría y que estaba llenando su tiempo con actividades para que el día se le hiciera más corto. Iba tardes alternas a un taller de pintura y a la piscina y algunas veces quedaba con compañeras del taller para salir de compras e ir al cine o al teatro. Tras la sobremesa, me disculpé y me fui a la ducha para después descansar un poco. El madrugón había sido de campeonato.

Tras la siesta nos propusimos dar una vuelta por la ciudad, juntos paseamos por el centro, visitamos tiendas y grandes almacenes y descansamos en las terrazas de algunas plazas públicas muy animadas de gente. La tarde sirvió para conocer mejor a mi tía pues la verdad es que era una desconocida para mí. La vi antes de casarse con mi tío unas cuantas veces en casa de mis padres, pero siempre con prisa e inmerso en mis asuntos de adolescente y un poco alejado de los protocolos familiares. La verdad es que yo era un poco independiente, supongo que como todos los chicos en esa edad. Había asistido por supuesto a la boda y me lo había pasado muy bien con mis primos y mis tíos ese día. Al caer la tarde nos volvimos a casa para cenar, descansar y ver a mi tío.

Mi tío llegó a casa a las nueve de la noche, se le veía cansado, me dio un abrazo y un beso muy cariñoso y me preguntó por toda la familia y también por mi novia. Cenamos y una vez recogida la mesa nos fuimos al salón donde pasamos una agradable velada y después nos fuimos a la cama. Aunque estaba muy cansado y soy de coger el sueño muy fácil, sería porque extrañaba la cama o quizás sería el efecto del café que me había tomado por la tarde, el caso era que no conseguía pillar el sueño y en una de las veces que me desperté, escuché a mis tíos que parecían discutir. Me pareció oír llorar a mi tía, pero me pareció de mal gusto escuchar las conversaciones ajenas y me concentré en dormir y se puede decir que lo conseguí, porque no recuerdo nada más de aquella primera noche. A la mañana siguiente me desperté tarde, mi tía estaba en la cocina ocupada en sus quehaceres domésticos. Desayuné y me dispuse a salir para empezar a cumplir con los trámites que me habían llevado hasta allí. Mi tía me dijo que tenía pendiente una compra en un centro comercial que se encontraba de paso a la Universidad. Quedamos en que me llevaría en el coche me dejaría en la Universidad y cuando acabase la compra me recogería. Le dije que si me llevaba a la Universidad, luego yo iría con ella a ayudarle a la compra y la podríamos hacer los dos juntos. Le pareció buena idea y en eso quedamos. Mi tía esa mañana tenía los ojos tristes, supuse que no habría pasado buena noche y que estaría afectada por la discusión de la pasada noche con mi tío.

La Universidad me pareció muy bonita con muchos jardines y como era verano no había mucho bullicio, más bien al contrario, el ambiente era muy tranquilo. En la secretaría me facilitaron una lista con los requisitos que debía presentar para optar a la beca de investigación. El trámite fue muy rápido, con los requisitos exigidos y en los próximos días formalizaría la solicitud. Mi tía estaba esperándome fuera y cuando salí nos dirigimos a hacer la mencionada compra. Entre lo tarde que me había levantado y el tiempo que se nos fue en llegar a la Universidad y gestionar lo de la secretaría, el tiempo se nos echó encima. Compramos y como no habíamos preparado nada para comer, decidimos quedarnos a almorzar en un restaurante mexicano que había en el Centro Comercial y después volver a casa. Mi tío no iría a comer a casa pues tenía una importante reunión de trabajo. Comimos estupendamente, mi tía se rió bastante con las tonterías que yo le contaba. Su mirada iba cogiendo la luz que le faltaba por la mañana. Bebimos cerveza mexicana y saboreamos las fuertes y condimentadas carnes que nos ofrecieron. Tomamos unos postres riquísimos, quizás un poco dulzones, y acabamos tomándonos unos tequilas. Antes de comprar los alimentos refrigerados para volver a casa, mi tía se fijó en la cartelera de los multicines. Con gran alegría vio que exhibían una película que ella quería ver y que llevaba mucho tiempo en cartelera. Según me dijo pensaba que ya la habrían eliminado de la programación. Me pidió que nos quedáramos a verla en el primer pase. La película era una de esas películas románticas de época, que habían anunciado hasta la saciedad y la verdad es que, a pesar de que ese tipo de cine no es el que a mí más me apetecía ver, tenía buena pinta. Los actores y actrices eran muy conocidos y buenos intérpretes. Esperamos y entramos a la primera sesión, el cine estaba vacío. Hasta que no empezó la película estuvimos solos, y ya comenzada la sesión entraron tres o cuatro personas más.

Mientras veía la película un sueño atroz se iba apoderando de mí. Esa hora de después de la comida, con las cervezas, el tequila y la película con esos paisajes maravillosos, una banda sonora super relajante, fue demasiado para mí. Mi tía además, supongo que también relajada, recostaba su cabeza hacía mí y yo suavemente posaba la mía sobre la suya. Ella se había situado a mi derecha y al echarse hacia mí, mi brazo derecho quedaba oprimido y yo muy incómodo. Lo liberé como pude y sin saber que hacer con él, lo eché por encima de los hombros de mi tía. ¡ Dios mío, quien nos viera pensaría que eramos dos novios gozando de una tarde de cine romántico!. Mi tía se acurrucó a mi abrazo y se acomodó para disfrutar de la película. Yo me quedé plácidamente dormido. Cuando acabó la película y la sala se iluminó, me desperté y suavemente retiré el brazo que cubría a mi tía. El final de la película debió de ser muy emocionante o quizás dramático, porque mi tía apenas podía disimular sus lágrimas. Volvimos a casa con la compra ya totalmente hecha y mi tía se reía de la dormida que me había pegado. Yo me alegraba mucho por su felicidad, me gustaba verla contenta. Llegamos a casa después de haber estado todo el día fuera, nos pusimos cómodos y en el salón mi tía veía la televisión mientras yo leía un poco. A eso de las 20:00 horas llamó mi tío y por la conversación de mi tía, deduje que no vendría esta noche a casa y que pasaría el fin de semana fuera, supuse que sería por asuntos de trabajo. Luego me lo confirmó mi tía. Al colgar una gran tristeza se apoderó de nuevo de mi tía, se levantó y supongo que para no llamar mi atención se marchó, a su dormitorio. Yo no sabía que hacer, me encontraba incómodo en esta situación. Pensé que mi tía se estaba portando muy bien conmigo y que debía hablar con ella para que me contase lo que ocurría y se consolara un poco. Antes de entrar en su dormitorio que estaba cerrado, toqué a la puerta y pedí permiso para entrar. Mi tía estaba llorando desconsolada, me acerqué a ella y me senté en la cama a su lado. No le dije nada, solamente le eché el brazo por encima y la abracé como había hecho en el cine. Ella se volvió hacia mí, me abrazó y me dio un beso en los labios que me dejó un agradable sabor a sal. La situación me sorprendió y a la vez me enterneció profundamente, la abracé con fuerza y deposité un decidido beso en su hermosa boca. Con un ansía desatada, sus labios se agarraban a mi boca y sus manos me sacaban la camiseta y me intentaban soltar la correa del pantalón. Yo era consciente de que me estaba metiendo en un buen lío, pero me dejé llevar por la pasión.

A medio desnudar, le rogué que asegurara la puerta por si se le ocurría volver a mi tío. Ella me dijo que no iba a venir, pero que si me quedaba más tranquilo cerraría con llave y la dejaría puesta por dentro. Al verla salir del dormitorio pude disfrutar de su hermosa desnudez. Tenía un cuerpo muy hermoso, no era muy alta pero estaba muy bien proporcionada. Tenía todo en su sitio y muy bien puesto. Estaba en la plenitud de su belleza, pero de todo su cuerpo lo que más me llamó la atención fueron sus exuberantes pechos. Era hermoso de contemplar como se mantenían, a pesar de su gran tamaño, erguidos y maravillosamente posicionados. Las aureolas de sus pezones eran muy sensuales, grandes y de color intenso. Volvió al dormitorio y se puso una bata que apenas cubría su desnudez. Antes de que dijese nada la cogí de la mano y la llevé hasta el que era en esos días mi dormitorio. Una vez allí, me contó que aunque era feliz con mi tío y él la trataba siempre muy bien y con mucho respeto, se encontraba sexualmente muy frustrada. Me contó que mi tío llevaba una doble vida, él se sentía mujer y sexualmente le fascinaban los hombres. Su ilusión era en el futuro hacerse el cambio de sexo y vivir una vida diferente. Yo me quedé sorprendidísimo y pensé ¡Madre mía, que pensaría de esto mi abuelo!. Para el resto de la familia sería un bombazo pero acabarían aceptándolo, pero para mi abuelo, un militar jubilado de ideas muy conservadoras sería una hecatombe. Según mi tía por respeto sobre todo a mi abuelo, mi tío llevaba casi toda la vida sobrellevando esa pesada carga. Me contó que por las noches salía a bares de ambiente e incluso a veces actuaba en algunos clubs como dragqueen. Tenía un apartamento para mantener sus relaciones extraconyugales y en algunas ocasiones le había propuesto compartir algunos de sus amantes con ella, pero siempre se había negado. Las pocas veces que habían tenido relaciones había sido buscando el embarazo de mi tía, pero sin éxito. Mientras me contaba todas estas cosas una gran tristeza se fue apoderando de ella, una tristeza amarga y profunda. Abrí la cama, le quité la fina bata y la invité a entrar en ella. La tapé con la sábana y la ligera colcha y me acabé de desnudar para meterme dentro. La coloqué de espaldas a mí y abrazándola fuerte por detrás me pegué a ella haciéndola sentir mi joven virilidad en su hermoso trasero. Comencé besándole el cuello, los hombros y continué por la espalda. Los besos se alternaban con suaves bocados a través de los cuales le transmitía mis deseos más profundos.

Ella respondía a mis caricias con graciosos respingos de placer. Mis manos, rodeando su cuerpo jugaban con sus tersos pechos. Sus pezones se pusieron erectos como tetinas de biberón . Rodeando su cuerpo me enganché a uno de sus pezones y lo sorbí durante un buen rato, ella dócilmente se dejaba hacer. Volví a jugar con su espalda cuando ella, por entre sus piernas cogió mi pene y se lo colocó sobre su vulva y lo apretó con sus muslos. Durante unos momentos acompasamos la respiración, viviendo una sensación de muchísima proximidad. Estábamos echados del costado derecho y abrí sus piernas tirando hacia atrás de su muslo izquierdo hasta que lo coloqué sobre mi cadera izquierda. Con la mano izquierda acaricié su vulva, abriéndole sus húmedos labios. Con mi saliva humedecí mi mano para que el tacto en tan sensible lugar fuese más suave. Dediqué unos instantes a acariciarle el clítoris mediante un tacto húmedo, suave y decidido y ella respondía acompañando con su cuerpo mis movimientos y exhalando retenidos gemidos de placer. En esa posición abierta, humedecí con mi saliva la punta de la excitada verga y la coloqué en la entrada de su vagina. Ella dándose cuenta de mis intenciones, me retiró la mano y fue ella la que humedeciendo sus manos en saliva me embadurnó el pene de arriba a abajo. Cuando el suave tacto de sus manos recorría la punta de mi verga, el placer se me hacía casi insoportable. Una vez consideró que su juguete estaba sobradamente impregnado, se lo colocó en la entrada de su ansiada gruta. Coronó mi excitado glande en su abertura y suavemente fui empujando con la pelvis para que el fabuloso miembro encajara en su confortable vaina. Mi tía se contrajo con violencia, la penetración la estaba dañando y me pidió que no empujase. A pesar de la gran humedad que tenían nuestros órganos, la penetración no era sencilla. Mi tía me dijo que igual era la primera vez, yo pensé que eso era imposible, antes me había dicho que había tenido relaciones con mi tío. Me confesó que el pene de mi tío era de un tamaño mucho menor que el mío (era un micro pene de 5 centímetros) y que aunque había penetrado, nunca había forzado la entrada de su vagina. Pensé, la vida a veces es increíble, ¿quién me iba a mi a decir que iba a venir a Valencia para desvirgar a mi tía?, ¡ alucinante!. Le di la vuelta y la coloqué boca arriba en la cama, besándole los pechos bajé por su barriga hasta su ombligo y de allí hasta su vulva. Acaricié con la lengua su sonrosada fresita y desde abajo con un profundo lengüetazo le abrí su dulce higuito. Con la práctica oral se puso un poco tensa, pero pensé que tarde o temprano se relajaría y podríamos acabar lo que tan bien habíamos comenzado. Aproveché un momento para observar la entrada de su vagina y descubrí que con el intento de penetración anterior se le habían señalado unas pequeñas fisuras. Estaba claro que esa entrada había que descubrirla pues estaba sin franquear.

Cuando toda la zona estuvo bien humedecida, me incorporé y me coloqué sobre ella. Se abrazó a mí con brazos y piernas y le dije al oído que iba a ser muy cuidadoso pero que esa gruta debía ser explorada, que me agarrara muy fuerte. Coloqué el pene en su sitio y con un decidido empujón le metí la abultada cabeza. Ella dio un grito de dolor que yo acallé con un beso en su sensual boca y, una vez superado el primer esfuerzo, el rígido plantón se introdujo hasta la raíz. Una vez dentro, nos abandonamos al placer y cabalgándola a buen ritmo, sentí como ella olvidando el dolor, se iba animando. Con el pene hasta el fondo y sobándole sus pechos con la boca, ella se volvía loca y me animaba a que la penetrase más fuerte y a que le descargase toda mi leche dentro. Yo sentía los escalofríos que anunciaban la subida, pero como pude esperé a que ella me acompañara. Cuando pensaba que lo mío ya era inevitable, noté a través de los intensos movimientos de su pelvis contra la mía, que ella también estaba dispuesta. Me abandoné y estallamos en un orgasmo conjunto de esos que no se olvidan nunca. Exhaustos y abrazados, nos quedamos enganchados por un buen rato. No dijimos ni una palabra, ella me apretó muy fuerte y me llenó la boca de besos. Mi tía estaba guapísima, el orgasmo le había sentado estupendamente. Las mejillas las tenía arreboladas y de sus ojos emanaba un brillo y una alegría exultante. Nos separamos cuando el pene perdió su firmeza y abandonó su confortable morada. En las sábanas quedaron como recuerdo, unas pequeñas gotas de sangre de lo que había sido la inesperada desfloración de mi tía. Nos vestimos y nos dispusimos a cenar algo, había que reponer las energías perdidas.

El resto de los días que permanecí en Valencia, además de acabar de formalizar mi solicitud de beca en la Universidad, recorrí la ciudad y pasé muy placenteros momentos con mi queridísima tía. Es obvio decir que las vacaciones se alargaron un poco más de lo previsto y que las posteriores experiencias vividas servirán de argumento para la continuación de este relato. Incluso llegamos a experimentar relaciones entre los tres (mi tía, mi tío y yo) y la verdad es que resultaron muy placenteras. Como podéis comprender, se puede decir que la visita sirvió, entre otras cosas, para estrechar aún más los lazos familiares. La historia de mi tío se merece un relato aparte y es mi compromiso el que una vez acabada la segunda parte del referente a mi tía Julia, os lo ofreceré con todo lujo de detalles. Hasta pronto. Salud y suerte.

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Una respuesta to “Mi tía Julia”

  1. Sr WordPress Says:

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